En los años 90, un grupo de científicos de la Universidad de Parma en Italia estudiaba el sistema motor de un pequeño mono, cuando descubrieron algo asombroso en el campo de la psicología y neurociencia: las neuronas espejo.
Todo comenzó con un experimento donde un científico comió maní delante del mono, y las áreas cerebrales relacionadas con la mano del mono se activaron, incluso cuando solo estaba observando la acción.
Los científicos investigaron cómo este sistema neuronal funcionaba al observar o escuchar una acción deseada. Después de numerosos estudios a nivel mundial, se descubrió que la empatía y otras funciones sociales son en realidad respuestas naturales del cerebro humano, y están basadas en el sistema de neuronas espejo.
En cuanto al consumo de material erótico, cuando observamos una escena pornográfica, nuestro cerebro reproduce la escena como si estuviéramos en ella, y las áreas cerebrales implicadas en la escena se activan.
Las neuronas espejo también tienen un papel en la comunicación interpersonal, ya que nuestros músculos faciales se mueven involuntariamente para expresar estados de ánimo y feedback en una conversación. En algunas personas, esto se manifiesta como un discurso desordenado, y puede ser un síntoma de ciertas patologías.
Además de ayudarnos a ser más empáticos y aprender, el descubrimiento de las neuronas espejo ha redefinido la rehabilitación neurológica, permitiendo mostrar a los pacientes vídeos de personas moviendo sus extremidades para ayudar en la recuperación de la movilidad.
A medida que se continúa investigando, se espera descubrir qué otras funciones que creemos sociales o culturales son en realidad respuestas neuronales.

